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Tell me who you are with / Dime con quién andas

In a way Flavia has been on the run from the couch. Like so many photographers, she has used the camera as a tool for travel. For her, therefore, travel feeds the camera and the camera gives it form. It is the device that structures the looking and the being. It is unsurprising, therefore, that we see in a few of these works evidence of the camera itself. It comes into play and into place as a sign of its role as not just recorder but, simultaneously, modifier and creator of situations. It is part of the image itself, and is thereby always visible, even when hidden.
En cierto modo Flavia ha estado huyendo del sofá. Al igual que tantos fotógrafos, ha usado la cámara como una herramienta para el viaje. Para ella, por lo tanto, los viajes alimentan la cámara y la cámara les da forma. Es el dispositivo que estructura el mirar y el ser. No es de extrañar, por lo tanto, que vemos en algunas de éstas, pruebas de la propia cámara. Esta entra en juego y en su lugar como una señal de su rol, no sólo como grabador, sino, al mismo tiempo, modificador y creador de situaciones. Es parte de la propia imagen, y está siempre visible, incluso cuando se oculta.

What it forms is a range of moments. Bedroom moments, meeting moments, passage moments, tourist moments, friendship moments, animal moments, city moments. They are presented as fragments, that do not combine to enact a grand narrative of ‘the road’, but open out something else, something less obvious, more allusive. We see people with big faces, bigger and smaller too than they would be in life. We see them staring at us, turning away from us. They think they are seeing and/or shunning Flavia but really they are seeing us, or not seeing us, seeing instead the camera as endless chasm, a portal into other people’s desires. We regard them tenderly in this way, because we think we know a truth that they do not, that the photographer is an endless chasm too, that there is no limit, that the staring will continue, way past the time when the goats have fallen over.
So the intimacy of Flavia shots, the relationships, short and longer term, with people and places they are a product of, needs to be seen, not as a field, but as pin pricks in the surface of life. The photo has a depth, therefore, that pulls us back in time, and back not simply in place but into the unfaithful look of another thinking they are being true to some-one. This flicker between anonymity and casual warmth is the heart of these works and the heart of Flavia’s photographic practice itself. It makes us wonder about the essence of relationship itself, the unguarded space of it always fragile, always pasted together with fake knowledge and wishful thinking.
And that’s why there’s a dreamlike undertow to Flavia’s work. These layers of acquaintances are in a sense over-remembered, over-determined. They will not die, the lag and pull and tug, back to bed, back to their eyes. So, again, it is not just a string of moments but something else, something that shifts the narrative flow of the journeying photographer, something that claims her as part of its pictorial logic, and the logic of her subject’s lives. It shows that the traveller is complex too, and can neither stay nor go but claims and is claiming and is stuck and resisting all her journey long. And, I need to say, Flavia gets at this somewhat tricky terrain by making shots that are fuzzy romantic, deftly physical and restless in a warm, and generous way.  For me, at least, that’s why they open up so deftly the bait and switch between faith and faithlessness. 

Lo que forma es una serie de momentos: momentos de dormitorio, momentos de encuentro, momentos de pasaje, momentos de turismo, momentos de amistad, momentos animales, momentos de ciudad. Estos se presentan como fragmentos, que no se combinan para promulgar una gran narrativa de ‘ruta’, pero que quedan abiertos a algo más, algo menos obvio, más alusivo. Vemos a la gente con la cara grande, más grande y más pequeña de lo que serían en la vida real. Ellos creen que ven o evitan a Flavia, pero la realidad es que nos miran a nosotros, o dejan de hacerlo, miran a la cámara como a un abismo sin fin; un portal hacia el deseo de otras personas. Los consideramos entonces con ternura, porque creemos conocer una verdad que ellos no, que la fotógrafa misma es un abismo sin fin también, que no existe un límite, que la mirada fija va a continuar, más allá del día en que las vacas vuelen. 

Así que la intimidad de las fotos de Flavia, sus relaciones, de corto y largo plazo, con personas y lugares, son un producto de, debe ser visto, no como un campo, sino como pinchazos en la superficie de la vida. Las fotos tienen una profundidad, por lo tanto, que nos retrocede en el tiempo, y no simplemente hacia atrás, al mismo lugar, sino hacia la mirada de otro infiel pensando que están siendo, verdaderamente, fiel a uno. Este parpadeo entre el anonimato y la calidez informal es el corazón de estas obras y el corazón de la práctica fotográfica de Flavia. Nos hace preguntarnos sobre la esencia de la relación en sí, su espacio sin resguardo siempre frágil, siempre pegado junto al falso conocimiento y la falsa ilusión. 

Y es por eso que hay una baja-corriente de ensueño en el trabajo de Flavia. Estas capas de gente son en un sentido sobre-recordadas, sobre-determinadas. No van a morir; el empuje y tironeo, la vuelta a la cama, vuelta a sus ojos. Entonces, reitero, no se trata sólo de una serie de momentos, sino de algo más, algo que cambia el flujo narrativo de la fotógrafa viajera, algo que la reclama a ella como parte de su lógica pictórica, y la lógica de las vidas de sus sujetos. Esto demuestra que la viajera es demasiado compleja también, y no puede ni permanecer ni irse, pero reclama y se estanca y resiste su viaje entero. Y tengo que decir que Flavia camina este terreno complicado con tomas que son románticamente borrosas, con destreza física e inquietud, de una forma cálida y generosa. Para mí, al menos, es por eso que abren tan hábilmente el cebo y cambian una y otra vez entre la fe y la ausencia de ella.

Robert Cook

Associate Curator of Contemporary Art- Art Gallery of Western Australia